La Guyana Esequiba. Una reivindicación territorial de Venezuela

En 1899 ocurrió uno de los episodios más lamentables de la historia venezolana: el despojo de casi 160.000 kilómetros cuadrados de territorio producto de un laudo arbitral amañado entre Inglaterra y Estados Unidos. El entuerto aún no ha sido resuelto y las tensiones siguen vigentes.

En 1899, dos estadounidenses, dos ingleses y un ruso decidieron  despojar a Venezuela de 160.000 kilómetros cuadrados que le correspondían históricamente desde 1777.

Han pasado 120 años de esa decisión, denominada Laudo arbitral de París, pero el problema sigue vigente: Venezuela reclama el territorio ilegítimamente arrebatado mientras la nación que derivó de ese despojo imperial insiste en ejercer derechos en la zona rica en recursos minerales, hídricos y petroleros.

La cancillería venezolana ha emitido varios comunicados para reiterar su derecho sobre la Guyana Esequiba y recordar el proceso jurídico viciado que calificó de “piratería diplomática”, perpetrado -a su parecer- “para justificar el chantaje, la usurpación y el saqueo a las nuevas naciones independientes”.

Las diferencias entre ambos países, no han hecho sino, ir en aumento, luego que el presidente de Guyana, David Granger, haya presionado al secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, a anunciar los nuevos pasos para resolver el conflicto.

La forma de actuar de Granger, quien siempre ha afirmado que “las reivindicaciones de Venezuela son una amenaza”, nunca han sido bien recibidas por Caracas. Diversos comunicados del ministerio de Relaciones Exteriores califica de “absurdas e irracionales” las acciones emprendidas por Guyana y considera que se han desplegado “con el propósito de generar una situación de agresión”.

El mito de El Dorado atrajo a los colonizadores hasta América Latina. Si bien los españoles llevaron la delantera, el imperio inglés también fue llamado por la promesa de ingentes cantidades de oro esparcidas por las riberas del río Orinoco.

Los anglosajones se asentaron en la costa este del río Esequibo y, desde allí, sus pequeñas colonias agrícolas empezaron a apropiarse del territorio que le correspondía a los holandeses. Como consecuencia, se produjo la creación creación de la Guayana Británica en 1824. El problema con Venezuela empezó después.

Un naturalista llamado Robert H. Schomburgk incursionó en el territorio y empezó a fijar nuevos linderos, irrespetando los establecidos hasta 1835, que certificaban al río Esequibo como hito limítrofe para Venezuela. Poco a poco, sus expediciones patrocinadas por la Royal Geographic Society, pretendieron ampliar cartográficamente la colonia inglesa con la anexión ilegal de más de 203.000 kilómetros cuadrados.

Esas acciones, protestadas en varias ocasiones por Venezuela, llevaron al país suramericano a romper relaciones en 1887 con Gran Bretaña y, dos años más tarde, condujeron al fraude del laudo arbitral.

Laudo amañado

En 1899 ocurrió uno de los episodios más lamentables de la historia venezolana: el despojo de casi 160.000 kilómetros cuadrados de territorio producto de un laudo arbitral amañado entre Inglaterra y Estados Unidos. El entuerto aún no ha sido resuelto y las tensiones siguen vigentes.

En 1899, dos norteamericanos, dos ingleses y un ruso decidieron por despojar a Venezuela de 160.000 kilómetros cuadrados que le correspondían históricamente desde 1777.

Han pasado 120 años de esa decisión, denominada Laudo arbitral de París, pero el problema sigue vigente: Venezuela reclama el territorio ilegítimamente arrebatado mientras la nación que derivó de ese despojo imperial insiste en ejercer derechos en la zona rica en recursos minerales, hídricos y petroleros.

La cancillería venezolana ha emitido diversos comunicados para reiterar su derecho sobre la Guyana Esequiba y recordar el proceso jurídico viciado que calificó de “piratería diplomática”, perpetrado -a su parecer- “para justificar el chantaje, la usurpación y el saqueo de las nuevas naciones independientes”.

La ONU, ha iniciado tímidos pasos para resolver el conflicto, pero parecen ser estos de momento, insuficientes.

La retórica de Granger, quien ha asegurado pasado que “las reivindicaciones de Venezuela son una amenaza”, no han sido bien recibida por Caracas. El comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores califica de “absurdas e irracionales” las acciones emprendidas por Guyana y considera que se han desplegado “con el propósito de generar una situación de agresión”. Pero, ¿cómo empezó el conflicto?

Gran Bretaña se salió con la suya por varias razones: la primera, porque sacó a Venezuela de la negociación; la segunda, porque pactó directamente con EE.UU., que para la época ya afilaba su doctrina Monroe de “América para los americanos”; y la tercera, porque contó con un juez afecto a los intereses de la corona inglesa.

Según las crónicas de la época, los ingleses no querían entenderse directamente con Venezuela porque consideraban que sus representantes eran “indios bananeros con olor a trópico” y “hombres de color semi bárbaros”. Por eso decidieron hablar de tú-a-tú con EE.UU., que terminó “representando” los intereses del país suramericano.

Así fue como los juristas norteamericanos Melville Weston Fuller y Davis Josianh Brewer negociaron “en nombre de Venezuela” con los representantes ingleses Charles Baron Rusell y Sir Richard Hens-Collins, en un laudo que tuvo como árbitro al ruso Fiódor Martens, quien no solo representaba los intereses de la colonia británica sino que convenció -por coacción- a la parte estadounidense a aceptar los linderos propuestos por Schomburgk.

El resultado de ese laudo amañado fue denunciado por Venezuela, pero sólo fue hasta 1949 cuando un abogado norteamericano llamado Severo Mallet-Prevost, quien actuó como consejero del país latinoamericano en la negociación, reveló el fraude “producto de un reparto imperial sin fundamento jurídico”

Las autoridades venezolanas, están llevando a cabo diferentes acciones para dirimir el diferendo territorial, “de conformidad con lo establecido en el Acuerdo de Ginebra de 1966”.

Ese pacto es el que rige, a la fecha, las conversaciones sobre el Esequibo con miras a solventar el conflicto de manera amistosa. En 2010, el secretario general de la ONU responsabilizó a Norman Girvan como buen oficiante, pero el funcionario jamaiquino falleció hace dos años. Desde entonces, nadie le ha sucedido en el cargo, y el problema continúa en tiempo muerto, y sin solución.

Después de las declaraciones de Granger, quien a finales de septiembre acusó a Venezuela de “obstaculizar” la solución del diferendo, el presidente venezolano Nicolás Maduro se reunió con el secretario general de la ONU en Cartagena de Indias (Colombia) para reiterar el deseo de Caracas de canalizar la controversia por la vía del diálogo y bajar los decibeles a la diplomacia de micrófonos.

La cuestión Exxon

Aunque la cuestión del Esequibo tiene más de un siglo, hay un elemento que renueva las tensiones con Guyana: la explotación de recursos en ese territorio por parte de la petrolera norteamericana Exxon Mobil.

Recientemente, la petrolera encontró un yacimiento en las costas de Guayana, específicamente en el bloque Stabroek, y entabló conversaciones con Granger para explotar la zona anunciando una inversión inicial de 200 millones de dólares. Venezuela exigió la paralización de las labores de exploración por vulnerar los acuerdos vigentes sobre el diferendo territorial.

Granger, sin embargo, insiste en hacer uso de esos recursos y por eso ha amenazado con activar una demanda ante la Corte Internacional de Justicia. La reacción de Caracas ante la maniobra diplomática ha sido exigir el apego al acuerdo de Ginebra y denunciar a Georgtown por asumir, a su juicio, “una actitud arbitraria, ilegal y unilateral (…) e intentar escabullirse de los buenos oficios”.

Ambas partes han lanzado sus cartas en las últimas semanas, pero la decisión sobre el próximo paso sobre e diferendo, por ahora, está en manos del secretario general de Naciones Unidas.

Si a ello añadimos, la situación de Venezuela en los últimos tiempos, que ha llevado a un choque de trenes, y de momento, a una encubierta Guerra Civil, no sería descartable en el futuro, de acuerdo al devenir de la resolución de esta crisis, que si los seguidores de Maduro, resultasen derrotados, o desalojados del poder por la fuerza, por las fuerzas opositoras, se formasen  “ guerrillas venezolanas bolivarianas “ de liberación, que buscarían refugio en aquellos territorios, no controlados por las fuerzas en el poder.