Judíos de Canarias, o los conversos canarios

Quizá sea un hecho poco conocido, pero en Canarias también hubo judíos y, especialmente, “conversos”. Los judíos canarios solían residir principalmente en las islas Tenerife y Palma, y aunque ostensiblemente cristianos de ningún modo habían renunciado a su fe. Mantuvieron un carácter prominentemente judío, y solían conversar en hebreo entre ellos. Un converso Duarte Enriques Alvares, fue el tesorero real, y otros dos conversos fueron gobernadores provinciales.

Pero esa situación no podía prolongarse, y en 1504 llegó la temida Inquisición que en los cinco años siguientes celebró varios infames autos de fe. Las plagas y el hambre que cundieron en las islas de 1523 a 1532 sirvieron de pretexto para arreciar la lucha contra los conversos, y culminaron con un gran auto de fe celebrado en 1526 que, de hecho, terminó con la presencia de los conversos en el archipiélago.

Muchos se integraron definitivamente en la población local y otros emigraron a África del Norte, Gibraltar, Flandes, Madeira y las Indias Occidentales. Tras el tratado de paz entre Inglaterra y España en 1604, cobró nuevo impulso el comercio insular y volvieron a aparecer conversos de Portugal y Francia y judíos de Amsterdam, que realizaban visitas de negocios y eventualmente se radicaron en el archipiélago. Pero actualmente no se tiene noticia de la existencia de una comunidad judía en Canarias isla que, sea dicho de paso, son frecuentemente visitadas ahora por turistas israelíes.

La actual comunidad de origen sefardí en Canarias empezó a afincarse en las Islas a mediados del siglo pasado, pero la huella de los judíos en las Islas se remonta al siglo XV. El proceso de expulsión de la Península Ibérica y la conquista de las Islas por los españoles fueron a la par.

Algunos judíos se trasladaron a Canarias como judíos conversos, donde la Inquisición era menos dura que en la Península y Portugal pero, seguían practicando su religión en secreto: los conversos.

En la actualidad, las familias radicadas en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria proceden en su mayoría de ciudades del norte de África, de las plazas marroquíes que, por entonces, se encontraban bajo los protectorados francés y español como Tánger, Tetuán, Casablanca o Alcazarquivir. Muchos de los judíos expulsados por los Reyes Católicos tras promulgar el Edicto de Granada, elaborado por el inquisidor Tomás de Torquemada, se establecieron en el Norte de África, donde continuaron con sus costumbres, religión y lengua, el ladino, una especie de castellano antiguo que aun conservan muchos sefardíes en cualquier lugar del mundo.

Monti Energui, de origen sefardí, es un miembro destacado de la sinagoga ubicada en la capital grancanaria, la única que queda en el Archipiélago. Tiene primos en Israel. Gracias a que conservan el pasaporte de su abuelo, Hakiba Energui, natural de Alcazarquivir, sus primos israelíes podrían haber obtenido la nacionalidad española. Su abuelo trabajaba para organismos oficiales en Tánger y, por ello, tienen certificados de su procedencia.

Nacido en Melilla, Monti Energui vino a Canarias desde Tánger cuando era niño en los años sesenta. Félix Energui, su padre, decidió trasladarse a las Islas para hacer negocios dada la prosperidad que, en esa década, se vivía en el Archipiélago. Era representante de las plumas Parker, entre otros productos. Junto al actual rabino, Salomón Zrihen, también procedente de Tánger, formaron la comunidad judía y habilitaron un recinto como sinagoga donde en la actualidad celebran sus cultos.

Como manda la tradición, sus progenitores lo mandaron a estudiar el bachillerato a Israel. Ahora vive en la capital grancanaria, donde celebra el Sabath (sábado, día sagrado de descanso para el judaísmo), y acude, como los otros integrantes de la comunidad, a la sinagoga a orar y leer la Torá, en ceremonias oficiadas por el rabino. La comunidad judía en la capital grancanaria está compuesta por unas 26 familias. No quieren llamar la atención y, por ello, la sinagoga no tiene ningún distintivo.

Entre ellos, está Alejandro Kopel, uno de los pocos judíos que no es de origen sefardí. Miembros de su familia murieron en los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial. Sus padres emigraron a Inglaterra y de ahí a España.

La comunidad judía en Tenerife no supera las veinte familias. Los miembros de esta organización, que vivió en los años 50 y 60 del siglo pasado su etapa de mayor auge, han ido muriendo y sus descendientes no se han mostrado muy implicados en mantener activa la organización.

Tras el fallecimiento de José Assor Benchimol, el líder espiritual de la comunidad judía en Tenerife, en 1989, desapareció la sinagoga de Santa Cruz, que estaba situada en la céntrica calle San José. No obstante, algunos de sus miembros están trabajando por reactivarla.

Sefardí viene de Sefarad el nombre hebreo para la Península Ibérica . La huella del judaísmo en las Islas se remonta al siglo XV. Tras el decreto de expulsión de los judíos por los católicos reyes Fernando e Isabel de 1492, y el de Portugal en 1496, las Islas Canarias se convirtieron en lugar de refugio de miembros de la comunidad, que vivieron como conversos o cristianos nuevos.

Un número significativo se convirtió al cristianismo como una simple formalidad, aunque practicaban los ritos judíos en secreto. Los conversos estaban bajo la vigilancia constante de la Inquisición. Si no lo hacían, o huían y lo perdían todo o se exponían a morir quemados por herejes.

Las familias hebreas tras la conquista de las Islas conformaron una clase comercial importante, con las que hubo mayor tolerancia en Canarias que en la Península. Aparte de los castellanos llegaron a las Islas judíos conversos portugueses, principalmente a La Palma, Tenerife y Gran Canaria. A los portugueses se les conocía como marranos.

Los judíos se refugiaron en las áreas rurales, menos vigiladas. A principios del siglo XVI un 10% de la población insular, unas 800 personas, formaba parte de esta minoría religiosa. Eran artesanos, agricultores, médicos, tintoreros, zapateros, hacendados con esclavos, incluso regidores, como el encargado de las rentas reales.

Los conversos optaron por integrarse rápidamente en la sociedad de las Islas. Algunas familias escaparon a otros lugares. Precisamente, familias judías huidas de Canarias fundaron la comunidad judía en Londres.

Aún quedan ilustres apellidos en las Islas de esos primigenios judíos como Fernández de Lugo o Pereira de Castro.